Mucho se está hablando de las elecciones primarias que se llevarán a cabo este domingo. Uno de los principales debates surge de la viabilidad que puede llegar a tener, o no, un proceso de votación que anteceda a las presidenciales. El oficialismo, y los adeptos a la nueva medida, aducen que el nuevo sistema es de utilidad para que los candidatos que peleen por el título de Presidente sean sólo aquellos que tengan un buen sustento en cuanto a legitimidad en número de votantes. Por otro lado, los opositores creen que es una maniobra para favorecer al bipartidismo (recordemos que el PJ y la UCR poseen la mayor cantidad de afiliados), porque los partidos “chicos” no podrán llegar al mínimo de 1,5 %. ¡Vaya pelotudez de debate!

 “¿Como que no puedo ser el presidente de los Estados Unidos de América?”


Está claro, y coincido con los opositores, que no es más que una maniobra para destruir a los partidos chicos, además de que tiene un costo económico innecesario para las comunas del país. Sin embargo, con esto tampoco quiero caer en la simpleza de pensar que, como son pequeños, son buenos o más honestos que los grandes. ¡Mentiras! Desviar la atención de los problemas, debatiendo sobre si está bien o no tener elecciones primarias, no es más que una estrategia de la clase dominante para seguir en el poder (o disputárselo entre sus integrantes). Piensen, debatan, escuchen a los candidatos en los actos y lean sus “propuestas”: ¿Son diferentes entre sí? ¿Plantean cosas que no se hayan prometido anteriormente? ¿Se ocupan de los intereses de los votantes o sólo lo aparentan? Si prestan atención se van a dar cuenta de que no dicen nada que no hayamos escuchado antes, además de que no presentan una idea. Simplemente se la pasan criticando el estado actual de la Argentina (en el caso de la oposición, por supuesto), y asegurando que la elección de su partido nos llevará al bienestar, pero nunca diciendo cómo. ¿Qué hago si no quiero votar porque considero que ninguno de los postulados representa las ideas o acciones que yo quiero para el bien común? Nada, porque la ley me obliga a ir. El capitalismo maneja el Derecho a su conveniencia, así que no vengan a decirme que cumpla con mi deber de ciudadano, por favor.

Prototipo de candidato en un acto de cierre de campaña.

Queda claro que Gramsci tenía razón: la democracia no es más que una de las herramientas de la clase dominante para lograr una dominación hegemónica (consentida, naturalizada y reproducida) sobre los dominados. Tenemos la idea de que poseemos la libertad de decidir quienes nos gobernarán, pero esto no es más que una ilusión, puesto que siempre es la misma gente la que se disputa el poder (si, es la falsa conciencia de la que habla Marx). Nuestra capacidad de elección se limita a un grupo de personas, además de que nos sería imposible postularnos y competir, por el alto costo económico en publicidad y otras cosas que esto conlleva. Piensen en la cantidad de plata que gasta De Narváez, por ejemplo, en la campaña de Alfonsín (20 mil pesos para un pasaje de avión). Es por esto que propongo no ir a votar, y no confundan esto con el discurso de que es peor estar en un gobierno de facto. Si, es cierto, es peor. Sin embargo, no debemos conformarnos con elegir entre lo malo o lo más malo, nuestro deber como ciudadanos debería pasar por el luchar en pos del bien común, y no por “cumplir con nuestro deber cívico” de votar.
Gracias.

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