Mujeres, todas unas expertas en saber madurar.
Vamos al ejemplo más común: estás haciendo zapping en la tele, y de pronto dejás en Cartoon Network porque están pasando Dragon Ball Z. Aquel que se cuestiona en su interior la necesidad de actuar como un estúpido maduro vendrá a decirte: “¿¡Qué hacés mirando dibujitos?!”. “Dibujitos” le dicen a una serie tan significativa para nuestra infancia y adolescencia. A ver… “maduro”, es un concepto aplicable a la persona capaz de “crecer y desarrollarse en relación con sus condicionantes hereditarios, el contexto social en el que vive y sus circunstancias personales”, según el diccionario. Entonces, ¿me quieren explicar en qué diablos afectaría al contexto social mi crecimiento y desarrollo a partir de una serie animada? ¿Voy a ir a mi trabajo a intentar tirarle un kame hame ha a mi jefe? (que bueno estaría eso) ¿No voy a poder criar a mi hijo porque terminaré preso en un intento por enseñarle a volar, tirándolo del balcón? El problema radica en que la mayoría de las personas relaciona al acto de madurar con el hecho de seguir un conjunto de pautas sociales impuestas, que indican cómo debemos comportarnos en sociedad. Una especie de tipificación del adulto, en este inmenso mundo de la vida del que hablan el Gordo Schutz y el Tanque Habermas.
“¡Me las pagarás, maldito!”
A lo que voy es que la maduración de cada persona está en poder distinguir lo que está bien y mal, siempre teniendo en cuenta el bienestar de todos como sociedad. Por lo tanto, necesitamos más gente “inmadura” que salga a la calle a denunciar todo lo mal que se está haciendo en el mundo, y que no podemos ver en nuestro intento por “madurar”.
Gracias.
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