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Jerencio: Dueño de un sueño

 “Dicen que la vida es un sueño, y que es un sueño el amor. Porque soñé ser tu dueño, dicen que soy un soñador”. Tranquilos, no estoy enamorado todavía. Quiero usar ese recitado que le gusta a Julito Cáceres, para escribir acerca de los sueños, la imaginación y las utopías (tampoco estoy tan drogado). Verán, se me ha criticado en varias oportunidades mi falta de elementos empíricos, concretos, tangibles, a la hora de redactar mis análisis. Sobre todo cuando expongo las fallas de este sistema, que ni siquiera es mucho trabajo: las vemos todos los días en la calle cuando nos encontramos con un indigente tirado, o chicos trabajando.

Nadie se preocupa en darle una moneda.

Si bien el objetivo principal del paradigma donde me ubico consiste en la crítica del status quo dominante, también es necesaria la necesidad de transformación del sistema. No nos podemos quedar con solo señalando lo que está mal. Es nuestro deber encontrar caminos, armar proyectos y pensar en posibilidades de escaparnos de este engranaje de la productividad, que no hace más que hundirnos en un mundo consumista, donde nos encontramos más preocupados por comprar una cámara de fotos, que por las pirañas. El comunismo, el socialismo, y hasta el Proyecto Venus plantean alternativas muy buenas (más allá de algunos lógicos defectos que se deben modificar). Sin embargo, los detractores de estos sistemas, y la gente incapaz de ver más allá de su Blackberry (no es su culpa, es realmente complicado abstraerse de este universo unidimensional), salen con los tapones de punta. Con versiones tergiversadas de dichas propuestas (provenientes, por supuesto, de la clase dominante), acusan de ilusos o utópicos a gente que plantea preguntas como ¿por qué la tierra tiene dueño?, ¿para qué vamos a votar si es siempre lo mismo? O ¿y por qué no?

"Acá está su Blackberry, la puta que los parió”.

Si bien no tengo diseñado un plan de acción infalible, comprobado y ya listo para ser usado, todavía hay ideas dando vueltas, a las que tenemos que organizarlas y plasmarlas en acciones o pasos a seguir. Primero, y aunque parezca obvio, es necesario que el nuevo sistema no contenga las principales características del capitalismo: propiedad privada, distribución irregular, explotación de unos sobre otros, etcétera. En este sentido, voy a tomar a un autor ruso que proviene del anarquismo (otro de los modelos más criticados que Messi): Piotr Kropotkin. Para este amante del vodka, todo cambio social debe arrancar desde abajo, y jamás esta transformación debe partir de instituciones o herramientas del capitalismo (teléfono para la democracia). ¿Por qué? Dice Kropotkin que “jamás de tales elementos brotó revolución alguna”. True Story. A partir de eso, deberían crearse espacios autónomos, libres del proceso productivo, en donde se pueda generar conciencia social y también elementos necesarios para la revolución, como una fábrica tomada por los trabajadores (ejemplo en Argentina: Zanón). Y así puedo seguir. Pero lo que debe quedar claro es que hay muchas cosas para hacer, y si bien se tratan de ideales, considero a estos necesarios para todo tipo de cambio. Es imposible concebir otra instancia de producción, sin antes tener algo utópico para seguir. Y para cerrar, vuelvo a otro recitado de Cáceres: “Compadre, piense un poquito ¿qué va a pasar si un día de estos la gente llega a tomar el vino que necesita y empieza a hablar?”
Gracias.
Dedicado a Nidia.

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