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Jerencio: Cautivos de un sistema

 Recientemente, la Agencia de noticias Rodolfo Walsh me envió un mail en donde publican la denuncia realizada por la Red de Derechos Humanos en Corrientes, acerca de las malas condiciones de la Unidad Penal Nº1. Esta cárcel funciona desde 1950, y hace poco se inauguró un nuevo pabellón, lo cual fue anunciado con bombos y platillos por parte del gobierno de la Provincia. Sin embargo, según expresa el texto enviado por la Agencia, “en este penal el excremento fluye por los pisos, literalmente, el olor nauseabundo enferma, el garrote mata y los agentes del servicio penitenciario hacen su agosto con total impunidad”. “En mi ciudad las cárceles son iguales”, seguramente me dirán. Y lamentablemente es cierto: las prisiones argentinas son lugares que no tienen nada que ver con un establecimiento que tenga como función la “reinserción” de las personas en la sociedad.

A Camau le preocupa más que no haya aliens.

 En realidad, la denuncia de la Red viene de hace mucho, solo que la Agencia Walsh la tomó porque hace una investigación especial por todas las cárceles del país. Lo de la Unidad 1 reflotó a causa de una pelea que hubo entre los presos ayer, pero no es la primera vez que ocurren cosas así en ese lugar. Según Presman, “los hechos de violencia y las lesiones no son solo un problema de los presos, es principal responsabilidad de las instituciones encargadas de su custodia”. Y si, tiene razón: los presos pueden ser bastante complicados, pero ¿quién no lo sería en un lugar donde la droga y la corrupción dentro de la misma policía son moneda corriente? “(…) en el penal 1 todos saben quienes "transan", como ingresa y circula la droga, y hasta cuales son los movimientos de personas o reformas estructurales mínimas que hay que hacer en un corto y urgente plazo, para que el problema no termine en tragedias irreparables”, afirma el texto.

Hablando de instituciones corruptas e inútiles…

 Lo cierto es, señores, que las cárceles son solo una herramienta del capitalismo para controlar y castigar a los sectores más pobres, y a aquellos que intenten revelarse contra el sistema (de la forma que sea). Por ejemplo, una persona que no tiene para comer, que no tiene trabajo y que su familia se está muriendo de hambre, ¿tiene algo que perder? Tranquilamente podría salir a robar o matar, si ya está jugado. Además, nótese que los que tienen plata o poder nunca quedan presos: van a gastar hasta la última de las instancias posibles, pero siempre gozarán el derecho a ser “inocentes hasta que se demuestre lo contrario”. Un pibe que roba una cartera va preso sin chistar (y tiene suerte si no lo cagan a palos por las dudas).
El ejemplo más reciente de esto es el asesinato de Carlos Soria, ex gobernador de Río Negro, a manos de su esposa. A ver, gente… ¡se mató un gobernador y la principal sospechosa sigue libre porque “no está en condiciones psiquiátricas!" ¡Dios me libre! Como dijo uno por ahí: “la cárcel es un depósito de seres condenados al aniquilamiento de su condición humana”.
Gracias.

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