Lamento la ausencia de esta columna el viernes pasado, pero una cuestión de improvisto hizo que tengamos que abandonar Maisonier por una semana. Debo admitir que esta situación “de fuerza mayor” me vino bien, porque este fin de semana fue bastante agotador (cumpleaños de un amigo y regreso de otro, tras obtener la armadura de Pegaso). De todos modos, antes de que pregunten “¿a quién carajo le importa tu vida?” aclaro que volví y soy millones; y encima parece que se vienen buenas noticias. No, no dejé la facultad (y parece que no lo voy a hacer nomás, como lo había anticipado).

Casios, no tenés chance con la armadura. Moriste por una mina que ni te quería, te la comes doblada.

Sigo en el aparato ideológico. ¿Por qué? ¿Y por qué no? Voy a seguir buscando mi verdad ahí, a pesar de las adversidades. Comprendan que hay momentos tontos en los que me siento así, diría Eros, pero ya no sé ni lo que digo. Iré al futuro desde el presente, imaginando lo nuevo que vendrá. Listo. Ahora que volví a la normalidad, es hora de volver a criticar al sistema porque se vienen otra vez elecciones presidenciales. No quiero volver a repetir las razones por las cuales no hay que ir a votar. Tengo amigos que insisten con que ir a sufragar es una forma de expresión, y otros que dicen estar en desacuerdo, pero que fomentan el voto solo para la gente “capacitada”. ¡Bullshit! Acá votamos todos o no vota nadie, y acá deberíamos tener todos las mismas oportunidades para llegar a un cargo político. Por supuesto cambiar esto solo no va a servir de nada, la transformación debe ser más profunda, apuntando al sistema capitalista. El contexto mundial que nos muestra a las principales potencias europeas, y al mismo Estados Unidos, azotados por una terrible crisis financiera, no hace más que exponer la decadencia de un régimen basado en el intercambio de productos por dinero. ¡Un pedazo de papel trucho al que se le asigna un valor de cambio! ¡¿En qué estaban pensando?!


Lamentablemente, es lo único que les importa.

Espero no piensen “este zurdo de mierda le vota a Altamira de una”. Altamira, Cristina, Alfonsín, Cinthia Fernández o el Chori Domínguez, son todos lo mismo. Nadie plantea un cambio estructural como yo pretendo. Entonces, si no me siento representado, ¿cuál es la razón de ir a elegir por elegir? Encima, ni siquiera los del Partido Comunista tienen estos ideales. Acompañan al  kirchnerismo… si Marx estuviese vivo los mataría a todos con su abundante barba. Por suerte, encontré un dato interesante en el diario de un amigo: en Corrientes, donde se realizaron elecciones legislativas hace poco, el 34% del electorado no fue a votar (por diversas razones). Ese porcentaje equivale a 236 mil ciudadanos, cantidad bastante interesante, y que de seguir todo como hasta ahora, sin dudas irá incrementando. La sociedad se está dando cuenta de la injusticia que es todo esto, y confío en que llegará el momento en que demandará una explicación para toda esta mierda.  Para cerrar con un broche de oro, transcribo un segmento de Oprimidos y opresores, de Gramsci: “La revolución francesa (…) Ha dejado, sin embargo, una gran enseñanza: que los privilegios y las diferencias sociales, puesto que son producto de la sociedad y no de la naturaleza, pueden sobrepasarse. La humanidad necesita otro baño de sangre para borrar muchas de esas injusticias: que los dominantes no se arrepientan entonces de haber dejado a las muchedumbres en un estado de ignorancia y salvajismo, como están ahora”.
Gracias.

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