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Jerencio: Días duros

Finalmente, y tal como lo anticipamos, retornamos tras una semana de descanso que nos otorgó El Excelentísimo Señor Hades. El dueño de Maisonier es una persona bastante exigente: 7 días de excesos con alcohol, mujeres y drogas por doquier no es para cualquiera, así que sabrán comprender la razón de nuestra ausencia. Sin embargo volví, y no en forma de fichas como me hubiese gustado, pero si con una idea que la venía masticando desde principios de año (nunca digan la palabra “masticando” en una conversación, van a ser objeto de burlas).

Joda con nuestros amigos de Hong Kong.

En alguna de las entregas anteriores (con “entrega” me refiero a un artículo, no a la cola), me explayé acerca de los aparatos ideológicos, y más precisamente de la escuela. Como ya estoy viendo sus caras de Yao Ming que me indican que no van a buscar una mierda, les explico rápidamente esta idea del filósofo Louis Althusser: los aparatos ideológicos del Estado (AIE) son las instituciones privadas que funcionan como un mecanismo de control y están en manos de la clase dominante (los medios, la iglesia, las escuelas), a diferencia del Estado, que es público (pero igual está bajo el mando de los poderosos).
¿A dónde quiero llegar? La idea que resurgió en mi ser fue la de abandonar la facultad, otro AIE, de no tanta importancia como la escuela, pero llega a ser tan o más hincha pelotas que las primarias y secundarias. Está bien, admito que me la pase drogado y alcoholizado, pero realmente siento una necesidad de dejar esta mierda, y estoy seguro que la mayoría de ustedes siente lo mismo. Y no sólo por ser un AIE, y las funciones que puede llegar a cumplir. Las clases son más aburridas que fumar tabaco, y me hacen perder tiempo el cual podría destinarlo a más ocio, y a trabajar para la revolución (de la cual escribiré más adelante). Espero que no vengan a decirme “pero Jerencio, ¿acaso no era lo que te gustaba?”; si, me gustan algunas cosas de lo que estudio, lo que me da por las pelotas es la forma de enseñar que tienen algunos pelotudos ahí. Esos profesores que se sientan a hablar pelotudeces, o los que te hacen hacer cosas que no te sirven un pedo para tu futuro. Seguro ustedes tienen de esos, y también de los que faltan por cualquier boludez.

“¡La puta que los pario!”

Lo peor es que estoy en un momento en el cual dejar o seguir es prácticamente lo mismo, en cuanto a distancia de cada objetivo. Como dijo un amigo “ir para atrás o para adelante es lo mismo”. Lo más razonable es que continúe, así por lo menos tengo el papel de mierda que te pide la sociedad para demostrar tus conocimientos. Lo que no se es si podré seguir aguantando este infierno. Mucha gente exitosa no tuvo la necesidad de ir a la facultad, como Steve Jobs, Adrián Sesia, o el dueño de este blog, así que es todo un mito.
Por lo pronto, a aquellos que estén pasando por esta situación, les recomiendo que sigan en la facultad si no tienen nada mejor que hacer. Es una mierda, lo sé, pero lamentablemente es muy difícil abstraerse de este sistema. Intentaré ponerle onda a las clases, o por lo menos ir a cagarme de risa, y les propongo pensar conmigo una solución al respecto. Como dice el gran Walter Giardino: “¿Cuánto tiempo esperaré para ganar mi libertad? Sólo espero que al final alguien me muestre una verdad”.

Gracias.

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